Mujer pintando mandalas en acuarela en un taller de arte curativo

Pintar mandalas para el estrés: qué dice la evidencia científica

Pintar mandalas para el estrés: qué dice la evidencia científica

Por Laura Podio, psicóloga y artista plástica, fundadora del Método PODIO y de la Escuela de Arte Curativo

En pocas palabras. Sí, pintar mandalas ayuda a reducir el estrés y la ansiedad. Un ensayo clínico con pacientes hospitalizados y un estudio con electroencefalograma en estudiantes universitarios midieron ese efecto por separado, encontrando reducciones significativas en estrés percibido, ansiedad, y un aumento de la actividad cerebral asociada a la relajación y la atención.

El mandala, entre el ritual simbólico y la evidencia

¿Qué pasaría si te dijera que pintar un mandala, ese gesto simple de rellenar formas geométricas repetidas alrededor de un centro, tiene un respaldo científico tan concreto como el de cualquier otra intervención de salud mental? Durante más de una década sostuve el mandala como eje del Método PODIO desde una mirada junguiana, entendiéndolo como una representación simbólica del centro y del orden interno que cada persona busca recuperar. Esa mirada simbólica nunca dejó de sostenerse en mis clases, pero hoy puedo acompañarla con datos concretos de dos estudios recientes que midieron su efecto de manera rigurosa.

Lo que bajó en el cuerpo: estrés y ansiedad medidos en un hospital

El primero se realizó en el servicio de endocrinología de un hospital universitario, con 92 pacientes internados por diabetes tipo 2. Un equipo de enfermería asignó al azar a la mitad de los pacientes a colorear un mandala diario durante siete días consecutivos, mientras la otra mitad continuaba con su cuidado de rutina (Bahçecioğlu Turan y Aslan, 2025, Journal of Integrative and Complementary Medicine, 32(7), 583-592, DOI: 10.1177/27683605251406492). Antes y después de la intervención, midieron el estrés percibido y la ansiedad estado de cada participante con escalas validadas, y encontraron una reducción significativa en ambas variables en el grupo que pintó mandalas, sin ningún evento adverso reportado durante la semana.

Lo que cambió en el cerebro: un estudio con electroencefalograma

El segundo estudio se hizo en la Universiti Sains Malaysia, con 60 estudiantes universitarios que presentaban niveles de ansiedad moderados a altos. La mitad coloreó un mandala geométrico durante veinte minutos, y la otra mitad, un simple círculo en blanco, mientras un electroencefalograma registraba la actividad eléctrica de su cerebro (Chang, Othman, Yusoff y Zulkifly, 2026, Consortium Psychiatricum, 7(2), 48-59, DOI: 10.17816/CP15784). El grupo que pintó el mandala mostró un aumento significativo de la actividad alfa en la zona frontal del cerebro, una señal asociada tanto a la relajación como a la atención enfocada, algo que no se observó de la misma manera en quienes colorearon el círculo simple.

Tomados en conjunto, estos dos estudios describen dos caras de un mismo fenómeno. Por un lado, hay un efecto medible sobre el estrés y la ansiedad que percibe la propia persona, sostenido durante una semana de práctica diaria. Por otro, aparece un correlato en la actividad eléctrica del cerebro, que se registra incluso en una sesión única de veinte minutos. Ninguno de los dos estudios necesitó que la persona tuviera experiencia artística previa, ni que el resultado final fuera estéticamente perfecto, porque lo que se estaba midiendo no era la calidad del mandala, sino el efecto de recorrer el proceso de pintarlo.

En la escuela vemos esto todas las semanas: mujeres que llegan con una sensación difusa de desorden interno, sin poder nombrar bien qué les pasa, y que encuentran en la estructura geométrica del mandala un lugar donde ese desorden empieza a organizarse. La evidencia científica no reemplaza esa experiencia, pero la vuelve más fácil de explicar a quien todavía duda si vale la pena sentarse a pintar un mandala en medio de una semana difícil.

Para quienes se forman en la Diplomatura Profesional en Arte Curativo (DIPAC), estos dos estudios ofrecen un argumento valioso frente a colegas de la salud que todavía dudan del mandala como herramienta seria. No se trata solo de una práctica decorativa o de moda, de todos modos, sino de una intervención breve, de bajo costo y sin efectos adversos reportados, con resultados medibles tanto en el cuerpo como en el cerebro.

Cómo empezar tu propio ritual de mandalas

Si querés empezar tu propio ritual, no hace falta mucho más que un mandala impreso o dibujado, un set de lápices o marcadores de color, y entre quince y veinte minutos disponibles. Preferentemente, hacelo todos los días durante al menos una semana, que fue el tiempo que sostuvieron los estudios citados. Elegí los colores según lo que necesites sentir en ese momento, sin buscar un resultado perfecto ni compararlo con el de otra persona, porque el efecto no depende de eso. Como decimos en la escuela, anímate a jugar, no a juzgar: ese es, en definitiva, el ritual completo.

Preguntas frecuentes

¿Pintar mandalas realmente reduce el estrés?

Sí. Un ensayo clínico con 92 pacientes hospitalizados (2025) encontró una reducción significativa del estrés percibido y la ansiedad tras pintar un mandala diario durante siete días.

¿Qué pasa en el cerebro cuando pinto un mandala?

Un estudio con electroencefalograma en estudiantes universitarios (2026) encontró un aumento de la actividad alfa frontal al pintar un mandala geométrico, una señal asociada a la relajación y a la atención enfocada.

¿Cuánto tiempo hay que pintar mandalas para notar beneficios?

Los estudios citados mostraron efectos con una sesión de 20 minutos, y con una práctica diaria de 7 días consecutivos para un efecto sostenido sobre el estrés.

Si esta lectura te dejó con ganas de volver al color y a la creación, en la Escuela de Arte Curativo vas a encontrar cursos y formaciones para seguir explorando este camino desde el arte.

Sobre la autora: Laura Podio es psicóloga y artista plástica, con más de 30 años de trayectoria. Es fundadora del Método PODIO y de la Escuela de Arte Curativo.