Tubos de pintura de colores ordenados como un arcoíris

¿Quién inventó el tubo de pintura? Una historia de vejigas, patentes y mitos

¿Quién inventó el tubo de pintura? Una historia de vejigas, patentes y mitos

Por Laura Podio, psicóloga y artista plástica, fundadora del Método PODIO y de la Escuela de Arte Curativo

En pocas palabras. El tubo de pintura lo patentó el pintor estadounidense John Goffe Rand el 11 de septiembre de 1841. Antes, el óleo se guardaba en vejigas de cerdo atadas con hilo. El tubo facilitó pintar al aire libre, aunque la idea de que sin él no habría existido el impresionismo es, según los historiadores, un mito a medias.

Un objeto tan cotidiano que ya no lo vemos

¿Alguna vez te detuviste a pensar de dónde salió ese tubito de metal que apretás casi sin mirar cada vez que te sentás a pintar? Quienes trabajamos con el color desde hace décadas tenemos el tubo tan incorporado al gesto que se vuelve invisible, como el lápiz o la hoja, y sin embargo detrás de ese objeto mínimo hay una historia de inventores olvidados, de talleres que olían a aceite de lino y de una idea muy repetida que vale la pena revisar con cuidado.

Antes del tubo: vejigas atadas con hilo

Durante siglos, quienes pintaban al óleo molían sus pigmentos o compraban la pintura ya preparada, y la guardaban en pequeñas bolsas hechas con vejiga de cerdo, cerradas con un hilo. Así lo recuerda la revista británica History Today en su artículo «John Goffe Rand Invents Paint Tubes», que reconstruye cómo era ese mundo previo a la invención que hoy damos por sentada (History Today, sección Months Past).

La patente de John Goffe Rand (1841)

El 11 de septiembre de 1841, el pintor estadounidense John Goffe Rand patentó lo que llamó «metal rolls for paint», unos rollos o tubos de metal para conservar la pintura, que según la misma fuente se fabricaban preferentemente en estaño, plomo o peltre (History Today, «John Goffe Rand Invents Paint Tubes»).

Hay un detalle de esta historia que me conmueve particularmente, porque habla de lo poco que a veces se reconoce a quien inventa algo que cambia la vida cotidiana de miles de personas: Rand obtuvo muy poco beneficio de su invento, perdió dinero invirtiendo en los derechos de un piano modificado y terminó volviendo a Estados Unidos empobrecido, mientras el tubo seguía su camino por los talleres del mundo.

¿Sin tubos no habría impresionismo?

Durante años se repitió que sin los tubos de pintura no habría existido el impresionismo, y hasta circula una frase atribuida a Pierre-Auguste Renoir en ese sentido, que History Today reproduce sin indicar su fuente primaria y que, por eso mismo, prefiero mencionar como atribuida y no como cita comprobada.

El historiador Howard Hoakley revisó esa idea en su artículo «Shame on you, Smithsonian: paint tubes did not determine Impressionism» (The Eclectic Light Company, 1 de enero de 2016) y aportó matices muy valiosos: ya se pintaba al óleo al aire libre antes de 1841, como lo muestran obras de Pierre-Henri de Valenciennes y Thomas Jones hacia 1782 o la «Vista de Roma» que Corot pintó en 1826-27; las vejigas siguieron en uso mucho tiempo después, al punto de que Delacroix compraba pintura en vejigas porque eran más baratas; y, citando a la historiadora del arte Anthea Callen en «The Work of Art: Plein Air Painting and Artistic Identity in Nineteenth-Century France» (Reaktion Books, 2015), la gran ventaja del tubo fue la limpieza y la ausencia de olor en el taller, más que la portabilidad.

Hoakley no niega que los tubos hayan facilitado salir a pintar afuera, y esa es justamente la clave: el tubo acompañó una búsqueda que ya estaba en marcha, la de pintar la luz cambiante del paisaje, y la volvió más práctica para muchas más personas.

Lo que esta historia nos enseña sobre las herramientas

Me gusta esta historia porque funciona como un espejo de algo que vemos todo el tiempo en los procesos creativos: tendemos a creer que el cambio llega con la herramienta correcta, con el material perfecto o con el curso que todavía no hicimos, cuando en realidad las herramientas suelen llegar para acompañar un deseo que ya estaba latiendo. En el Arte Curativo pienso la técnica como un andamiaje, algo que sostiene y ordena el proceso, pero el motor sigue siendo la búsqueda de quien crea, y por eso, cuando alguien me dice que todavía no empieza porque le faltan materiales, le propongo empezar con lo que tenga a mano. Anímate a jugar, no a juzgar: el deseo de salir a mirar la luz existía mucho antes del tubo.

Preguntas frecuentes

¿Quién inventó el tubo de pintura?

El pintor estadounidense John Goffe Rand patentó el tubo de metal para pintura el 11 de septiembre de 1841, según History Today.

¿Cómo guardaban los pintores el óleo antes de los tubos?

Lo guardaban en pequeñas bolsas de vejiga de cerdo atadas con hilo. Este sistema siguió usándose incluso después de 1841, porque era más barato que los tubos.

¿Es cierto que sin los tubos no habría existido el impresionismo?

Es un mito a medias. Los tubos facilitaron pintar al aire libre, pero ya se pintaba al óleo afuera antes de 1841, y según la historiadora Anthea Callen su principal ventaja fue la limpieza del taller.

Si esta lectura te dejó con ganas de volver al color y a la creación, en la Escuela de Arte Curativo vas a encontrar cursos y formaciones para seguir explorando este camino desde el arte.

Sobre la autora: Laura Podio es psicóloga y artista plástica, con más de 30 años de trayectoria. Es fundadora del Método PODIO y de la Escuela de Arte Curativo.